Apenas son las 8 de la mañana y la inocente sonrisa de ese chico no hace más que presagiar el inicio de una gran aventura. Todo un año de trabajo que va a tener su recompensa, muchas noches en vela, dolores de cabeza y estrés. Pequeñas cosas que ahora no pasan por su cabeza. Comprueba que lleva todo lo necesario en la maleta una vez tras otra y finalmente cierra el candado que no se abrirá hasta pisar un nuevo país. India.

Comienza la aventura

Ese chico soy yo. Odei Gil, de apenas 21 años que gracias al trabajo realizado en la Junior Empresa Arteverse, me voy a costear el Learning Journey a India junto con otros 9 compañeros. Los casi 20kg de mi maleta se quedan cortos en comparación con la mochila de ilusión, motivación e intriga que llevo encima. Es la hora. Cojo mi maleta y me dirijo hacia la estación de autobuses de San Sebastián.

Llego con casi 30 minutos de margen, nada puede torcerse a estas alturas, y tras estar esperando un buen rato llega el autobús y el primer compañero con el que emprenderé esta aventura. Taig Mac Carthy. Pocas veces le he visto tan elegante. Viste una camisa blanca de corte indio con un estampado en los cuellos bastante bonito. Lo acompaña con una americana y su pelo bien repeinado. Lo mejor es que no ha venido solo. Junto a él, está Julen, uno de los máximos culpables de que tanto Taig como yo, estemos aquí y ahora a punto de subirnos al autobús que nos conducirá a lo que seguramente se convierta como “la experiencia que cambió a las personas”. Tanto a mí como al resto de mis compañeros.

El autobús tiene como destino la T4 de Madrid, pero no lo hará sin antes parar en Vitoria donde recogeremos a Imanol. Ya somos 3. El resto de compañeros están de camino al aeropuerto y alguno que otro está tirándose de los pelos sintiendo cómo se escapa el autobús delante de sus narices sin ni tan siquiera poder solucionarlo. Finalmente, tendrá suerte. Conseguirá un nuevo billete a tiempo para llegar casi a la par que nosotros. Pobre Raúl.

Viajar en autobús cuando tienes una aventura así por delante no es fácil. Intentas dormir, pero tu cerebro no hace más que generar emociones, una detrás de otra que te impiden relajarte. El corazón se te acelera, la hora de la verdad se acerca y justo en ese momento es cuando comienzas a creértelo. ‹‹Te vas a India Odei, a India. ¿Qué cojones pintas en un país como ese?››. Son preguntas a las que responderé en unos pocos días.

Me siento cansado, pero no tengo sueño. Cierto es que haber estado hasta las tantas viendo los conciertos de la Aste Nagusia de Donosti no me ha hecho ningún favor, pero ahora no puedo dormirme, quiero anotar una por una todas las sensaciones que pasan por mi cabeza. No puedo evitar recordar los dos meses tan maravillosos que acabo de vivir en Valencia junto a mis compañeros de Kuombo. Javi, Laura, Jesús, Asia, Adrian, Sandra, Loles, Victor, Blanca, Carlos, Diego, Javi, Eva, Elena y Mariaje. Sois todos geniales. Me habéis enseñado mucho y he salido muy fortalecido personal y profesionalmente de esta experiencia gracias a lo que me habéis enseñado. Que sepáis que la bandera que me regalasteis, va conmigo. Como todos vosotros.

Abro los ojos y veo que estamos llegando a Madrid, nuevamente, el pulso se me acelera, voy a encontrarme con el resto de mis compañeros a los que apenas he visto una vez por Skype en los últimos 2 meses, pero tengo ganas de ver sus caras, de leer lo que me dicen sus ojos, sus tímidas e inquietas sonrisas. Tan sólo busco encontrarme con un reflejo de cómo me siento yo ahora. Así es. Al primer cruce de miradas entre nosotros es casi imposible que no se nos esboce una sonrisa en la cara, que no miremos disimuladamente las maletas del resto. Algunos intentan disimularlo, en otros es evidente. Nuestro momento ha llegado.