Cómo ganar amigos e influir sobre las personas

Dale Carnegie

Regla II: Demuestra aprecio honrado y sincero.

– Sólo hay una manera de conseguir que alguien haga algo. Y es la de hacer que esa persona quiera hacerlo. Evidentemente hay más formas de conseguirlo, pero que a la larga no obtendrán ningún resultado.
– Sigmund Freud dijo que todo lo que hacemos tiene dos causas originales: el impulso sexual y él ansia de grandeza.
– John Dewey sin embargo decía que «el impulso más profundo de la naturaleza humana es el deseo de ser importante.

En general, las cosas que la mayoría de gente desea son:

  • La salud y la conservación de la vida.
  • Alimento.
  • Sueño.
  • Dinero y las cosas que el dinero compra.
  • Vida en el más allá.
  • Satisfacción sexual.
  • El bienestar de los hijos.
  • Sentirse importantes.

– Si nos fijamos, de todos estos, solo hay uno que depende de las demás personas que nos rodean. Que es el sentirse importante.
– Este deseo de sentirnos importantes hace que todos pretendamos vestir a la última moda, conducir el último modelo de automóvil y hablar de lo brillantes que son nuestros hijos.
– Esto llega a tal punto que la gente enloquece. Se vuelven locos literalmente.
– Si algunas personas tienen tanta sed de importancia que llegan a volverse locos de verdad, imagínate los milagros que se pueden conseguir ofreciendo a los demás un reconocimiento sincero de su importancia en el mundo de los cuerdos.

– Una de las primeras personas a las que se le pagó un millón de euros al año en Estados Unidos, Charles Schwab, debió su éxito precisamente a saber elogiar a las personas con las que trabajaba. Era un motivador nato. Y el mismo decía que había mucha gente de su alrededor más inteligentes y trabajadores que él. Decía lo siguiente:

Considero que el mayor bien que poseo es mi capacidad para despertar entusiasmo entre las personas, y que la forma de desarrollar lo mejor que hay en una persona es por medio del aprecio y el apoyo. No hay nada que mate más las ambiciones de una persona que las críticas de sus superiores. Jamás crítico a nadie. Creo que a las personas se les deben de dar incentivos para que trabajen. Por eso siempre estoy deseoso de ensalzar, y soy reacio a encontrar defectos. Si algo me gusta, soy caluroso en mi aprobación y generoso en mis elogios.

– Sin embargo, ¿Qué hace la persona común? Precisamente todo lo contrario. Si alguna cosa no les gusta, arma un escándalo; si le gusta, no dice nada.
– Con frecuencia damos tan por sentadas algunas cosas que las vemos como algo habitual y perdemos el hábito de apreciarlas.
– Y supongo, que llegados a este punto, te estarán diciendo: «¡Bah!» «¡Halagos!» «¡Adulación!» ya lo he intentado. No da resultado, al menos con personas inteligentes.
– A la larga, la adulación hace más mal que bien.

La diferencia entre el aprecio y la adulación es muy sencilla:

  • Una es sincera y la otra no.
  • Una procede del corazón y la otra sale de la boca.
  • Una es altruista; la otra egoísta.

«No temas a los enemigos que te atacan. Teme a los amigos que te adulan»

– Una adulación es un elogio barato. «Adular es decir a la otra persona lo que piensa de sí misma».
– Cuando no estamos ocupados pensando en algún problema específico, solemos pasar el 95% de nuestro tiempo pensando en nosotros mismos.
– Descuidamos elogiar a nuestro hijo o hija cuando trae una buena nota de la escuela… Nada les agrada más a los niños que este tipo de interés y aprobación de sus padres.
– En nuestras relaciones interpersonales nunca deberíamos olvidar que todos nuestros interlocutores son seres humanos, y que como tales están hambrientos de aprecio. Digamos que es una moneda de curso legal que todo el mundo agradece. Intenta dejar rastro de pequeñas muestras de gratitud diariamente.
– Herir a la gente no sólo la cambia, sino que es algo totalmente innecesario.

Seamos calurosos en la aprobación y generosos en el elogio.

En definitiva, demuestra aprecio honrado y sincero.